miércoles, 20 de enero de 2010

Hace 5 años


No era la misma persona, no sé qué me ha pasado. Para empezar, escribía diferente. Si no, vean este texto que escribí en enero 2005 para Magazine 21 (con el cual gané, modestia aparte, un concurso de la APG).

“El ombligo del mundo”

Si se quiere disfrutar la estancia en San Marcos Laguna, hay relajarse y sentir la “vibra” del lugar que, según dicen, por ser “femenina” es pacífica.

Jessica Masaya Portocarrero

Es nuestro tercer día en San Marcos la Laguna, es una mañana luminosa y cálida de domingo. Tanto niños como adultos parecen encandilados y fascinados por el gran ojo azul que se abre enfrente. Ginette Hebert, canadiense que conoció el Lago de Atitlán hace treinta años, sostiene “El principito” y nos enseña uno de los dibujos hechos por el mismo Antoine de Saint Exupery. Luego señala el Cerro de Oro. Definitivamente es la misma figura, pero ¿será que realmente éste es el planeta de aquel rubio niño?

Algunas ideas nuevas habían ya han anidado en nuestra mente, a pesar que apenas habíamos llegado el viernes anterior.

Un universo aparte
Cuando uno desembarca en San Marcos la Laguna, pone pie en un lugar diferente. En este pequeño poblado no hay ruido y las calles son en realidad veredas que no siguen un orden establecido. Sin señal de celular, ni smog ni ruido ni temor a ser asaltado, de pronto se encontrará a solas consigo mismo. En San Marcos hasta los perros se miran despreocupados, reunidos en promiscuas pandillas. Además circulan rumores que rayan en leyendas urbanas. Se dice que podría uno encontrarse a alguien famoso en algún sendero del pueblo o en una lancha. Alguien como el director George Lucas, o Bono, vocalista de U2.

Mujeres organizadas
El viernes que llegamos, la pacífica comunidad estaba un poco conmocionada, las madres de familia estaban reunidas en la escuela pre primaria. La población de niños menores de siete años ha crecido en los últimos años, más de lo que el Ministerio de Educación esperaba. Por eso la escuela pre primaria no tiene la capacidad de darle clases a todos los niños, que suelen ser no solo indígenas y ladinos, sino también hijos de los extranjeros que ahora residen en San Marcos. Por eso, las madres de familia tienen dos años de estar organizadas para que la escuela pre primaria no desaparezca.

Para poder pagar los sueldos de las maestras, anualmente llevan a cabo un concierto para recaudar fondos. Sin saber que en San Marcos la Laguna todo está cerca, acudimos al restaurante Tul y Sol para preguntar dónde estaban reunidas las madres de familia. Un maduro hombre francés, Guy Jean Clavandier, nos envía con una guía indígena a la escuela, que está a unos metros de ahí. Su esposa, la guatemalteca Marisol Marroquín, es voluntaria en esta actividad porque sus hijos asisten a esa escuela. Ellos colaboran prestando su restaurante para llevar a cabo el concierto.

Emilia Pérez Mendoza, una de las maestras del Centro de Pre Primaria Bilingue, explica que el apoyo del ministerio no es suficiente. “Antes la directora era la única maestra, pero ahora se necesitan por lo menos cuatro”.

Se están afinando los últimos detalles, dejamos a las señoras terminar su reunión. Salimos rumbo al parque a ver el atardecer junto a niños de diferentes colores que corretean.

Noches tranquilas

Sigilosamente, algunos visitantes salen de sus hoteles para ir a comer o a beber algo a los discretos cafés que hay en San Marcos. La noche está fría y nublada, el lago ahora parece una refulgente obsidiana. Mientras un perro enfermo suplica con la mirada un pedazo de nuestra cena, empezamos a percibir un poco de preocupación en el aire. Hay quienes afirman que este paraíso está en peligro. Uno de los que se quejan es Gervasio Vera, argentino que reside en San Marcos desde hace varios años. “Aquí existe toda clase de problemas. Ejemplos son los conflictos entre indígenas y ladinos, el manejo de la basura, no hay drenajes, la gente hace sus necesidades en el cafetal, luego surgen muchas enfermedades, la competencia entre religiones...” El lamento de Vera parece no tener fin. Según explica, su visión pesimista tiene que ver con el hecho de que le han robado muchísimas veces. Antes de seguir con sus apreciaciones en otra mesa, culpa a las drogas de los problemas de este pueblo.

Mientras se aleja Gervasio, un grupo de siete jóvenes entran al lugar. Su actitud está lejos de ser pesimista o triste. De inmediato abren una botella de whiskey e inician una conversación entre bromas y piropos. Se trata de dirigentes políticos de otras regiones, como Quetzaltenango y Cobán, que vienen a apoyar la causa de la escuela. También aprovecharán el cónclave para ver si pueden llegar a un acuerdo entre ellos, ya que pertenecen a diferentes partidos políticos. “Creemos que San Marcos todavía es un buen lugar para venir, todavía no es como Pana. Nos hemos enterado que los ataques que se reportan son contra prepotentes propietarios de negocios”. Continuando con su reunión, y a manera de despedida, afirman que en San Marcos “cada quien encuentra lo que busca”.

Sin ser demasiado tarde, sin haber demasiado ruido, los noctámbulos se van a la cama temprano caminando en medio de los cafetales con la ayuda de linternas. Si no quiere tener un accidente en alguna cuneta, no debe faltarle una.

Buenas y malas influencias
A pesar de que es sábado, los niños de la comunidad asisten a la escuela pre primaria para participar en las actividades para salvar su plantel. También acude José Luis González, que es el maestro de música de la Escuela Primaria Pedro Molina de San Marcos la Laguna. Explica que la juventud puede estudiar hasta tercer año básico en esta población. “Luego tienen que ir a los poblados cercanos, como San Pedro, San Juan y Panajachel para cursar el ciclo diversificado”. El joven maestro informa que la sede universitaria más cercana está en Sololá, pero no ofrece todas las carreras. “Por ejemplo yo no puedo estudiar sicología como siempre he querido. Tendría que ir a la capital. Hay muchos que como yo se quedan con las ganas de ir a la universidad”. Mientras un grupo de niños lo rodean para saludarlo, admite que como en todos los pueblos, San Marcos existen problemas. “Hay malas influencias que pueden afectar a los jóvenes, que deben ser muy inteligentes para tomar las cosas buenas y desechar las malas”. Antes de acudir al llamado del alegre grupo infantil, afirma categórico que “el lago es sagrado, no es propiedad de nadie. Aunque sus orillas sean privadas, todos podemos disfrutarlo”.

De viajes astrales y revelaciones
Uno de los lugares que no pueden dejar de admirarse, tanto por su importancia como porque está a mitad del complicado camino hacia el parque, es en Centro de Meditación Las Pirámides. Chaty Secaira sale con un impecable traje blanco de uno de los templos. Con la actitud relajada y con la voz calmada, relata que desde que experimentó su primer viaje astral supo que tenía que abrir un centro de meditación. Así cambió su vida convencional por una de estudios y contemplación. La comunidad de San Marcos le ayudó muchísimo a lograr su objetivo. “Desde que llegué en 1989 el pueblo ha cambiado mucho. Es imposible parar el progreso y evitar que venga la gente”, asegura. “En realidad no importa la cantidad de gente que venga, sino que quieran integrarse a la comunidad”. La dirigente espiritual cree que los extranjeros se escandalizan por la violencia, aunque sea mínima, porque no están acostumbrados. Chaty está involucrada en los consejos de desarrollo departamental y municipal, donde participan el alcalde, el jefe del centro de salud, el supervisor de educación, representantes de las organizaciones no gubernamentales, líderes comunitarios, entre otros.

Chaty nos invita a acompañarla al programa que tiene en la recién inaugurada radio comunitaria, llamada “Cosmos”, que tiene su sede en el parque. En la antesala, antes de ingresar a la cabina, también esperan su turno un veterinario y dos jóvenes mujeres de la Asociación Semillas de Conciencia. Las dos chicas canadienses de esta asociación explican sus objetivos. “Queremos mantener vivo el verdadero espíritu en la conciencia de los que se dedican al estudio y trabajo de la espiritualidad y de las terapias naturales”. También relatan que muchas personas vienen por dos meses por ejemplo, y luego se quedan indefinidamente. “Incluso compran sus casas”, dicen sonrientes. El veterinario viene de otra comunidad porque que en San Marcos no hay ninguno, y explica con sencillez: “yo vengo a esterilizar a los perros”. La comunidad canina creció incontrolablemente gracias al amor libre que sus dueños les permitieron.

En la tienda de la esquina, un grupo de jóvenes compuesto por extranjeros e indígenas, se quejan porque ya no pueden escuchar su radio de rock favorita. “Por culpa de esa radio comunitaria”, se lamentan.

Todos por la escuela
Al caer la tarde, más visitantes van llegando al poblado poco a poco. Algunos asisten al concierto a favor de la escuela, otros a una fiesta de cumpleaños en un chalet a la orilla del lago.

El concierto es un éxito, la fiesta no tanto. Las maestras, a pesar de notarse un tanto incómodas, se dedican a cobrar las entradas y a vender las bebidas en el Tul y Sol. La cumpleañera de al lado, envuelta en una frazada, observa ensimismada la luna que brilla sobre el lago en una noche despejada.

Sin necesidad de apelar a la ley seca, las actividades terminan temprano. Las personas incansables, optan por ir a una fogata que tendrá lugar en la casa de una vieja hippie del lugar. Incluso la cumpleañera acude seguida por sus invitados, que primero tantean en la oscuridad, hasta que el calor del fuego y de la música les señala el lugar.

Fue un buen día para las escuelas, para los cumpleañeros, para los músicos, pero no para los perros que transitan nerviosos de un lado a otro, como presintiendo lo que les espera al día siguiente.

No a las discotecas
En San Marcos la Laguna, así como no hay borracheras, tampoco hay resacas de día domingo. El mexicano Jesús Landa, del hotel El Unicornio, recuerda que igual era Panajachel hace 25 años. Cuando el lugar se comercializó, los hippies de entonces se fueron a San Pedro la Laguna, donde ni siquiera había electricidad. Lamentablemente, también San Pedro sufrió esa transformación ruidosa.

En un tercer intento por encontrar la paz, llegaron a San Marcos hace unos 18 años. “Eramos una comunidad hippie unida, ni siquiera habían cercos que separaran las propiedades. Todos nos conocíamos. En cambio ahora viene gente buscando comodidades, en lugar de acomodarse a la comunidad. No se desconectan del mundo, sino que lo traen con ellos”.

Jesús informa que en la clínica holística del Unicornio, la gente aprende a hacer terapias naturales. “Hasta hace poco los masajes y otras técnicas de relajación la hacían ladinos o extranjeros. Ahora se está involucrando a los indígenas, para que puedan vivir de eso también”, relata. “El inconveniente es que a ellos no les gusta tocar ni ser tocados, es otra cultura. Sin embargo, hay jóvenes que nacieron ya entre toda la comunidad extranjera, que hablan otros idiomas y que han viajado a Estados Unidos y Europa. Ellos están haciendo cambios en la mentalidad del indígena”. En cuanto a los fiesteros, Jesús dice: “a los chaleteros ni los conocemos, solo vienen unas horas a bañarse y a hacer ruido”.

Ante la pregunta sobre la peculiar forma de vida en San Marcos, Jesús afirma que la energía de esta localidad es femenina, mientras que la de San Pedro y Panajachel es masculina. Sin embargo, a algunos eso les importa poco. “Por pensar solo en el dinero, uno de los extranjeros quiere abrir una discoteca. Si eso ocurre, será el fin, tendremos que irnos otra vez”.

¿El hogar de un príncipe?

Antes de irnos de San Marcos la Laguna, queremos llenar nuestros ojos del azul del Lago viéndolo fijamente. Mientras almorzamos, y un perro yace triste y adolorido a nuestro lado, una alegre mujer madura se acerca saludando con los brazos. Es Ginette Hebert, una canadiense que vino por primera vez en 1974. Veinticinco años después lo dejó todo por regresar y quedarse a vivir en este lugar. Como ha sido actriz y directora toda su vida, se ha esforzado por reunir un grupo de jóvenes indígenas de San Marcos la Laguna para hacer teatro. “Estamos ensayando para poner nuestra primera obra, queremos representar las leyendas de este lugar”, relata emocionada. Otro de los proyectos de Ginette es representar El Principito, la obra del escritor y piloto francés Antoine de Saint Exupery. “El viajó a Guatemala en los años cuarenta y muchos sostienen que se inspiró aquí, en el lago de Atitlán”. Según la canadiense, el planeta de El Principito es el Lago de Atitlán.

Además Ginnette afirma que muchos geólogos y antropólogos dicen que el Lago de Atitlán es el ombligo del mundo, su centro.

A pesar del entusiasmo de Ginnette, ella afirma que también enfrenta obstáculos. “A mí me discriminan por no tener dinero. El hippismo se acabó, ahora todo es negocio”, afirma sin perder la sonrisa.

En la lancha que nos lleva de regreso al mundanal ruido, recordamos las historias que nos contaron en San Marcos la Laguna. Es inevitable sacar la cámara cuando vemos sobrevolar un helicóptero sobre una mansión.

3 comentarios:

Skunk LR dijo...

ah... dorados tiempos aquellos...

DINOBAT dijo...

Interesante...el pasado vive uh?

Angel Elías dijo...

ya recuerdo ese reportaje... me parece que lo hayas rememorado. en esa ocasión me gustó mucho... de ahora en adelante te seguiré leyendo.. un abrazo.