miércoles, 25 de enero de 2017

Larga vida a los buenos editores

La relación del escritor con su editor debería ser estrecha pues es crucial. Sin embargo, en la práctica, al literato muchas veces le falta esa importante figura. Apenas hay quienes leen la obra y hacen apuntes al margen, o alguien que le revisa la redacción y la ortografía.


El papel del editor literario va mucho más allá. Para empezar, es un amante de la literatura y conoce lo mejor que ha dado. Gracias a ese gran conocimiento, es capaz de reconocer un diamante en bruto en un costal lleno de carbón. Aunque esté sucio y todavía sin brillo, reconoce su inmenso valor y logra que sea reconocido por todos.


No se trata de volver a escribir la obra que edita, sino de entender qué es lo que el escritor quiere decir y guiarlo para que pueda lograrlo de la mejor manera. Sucede que después de mucho tiempo trabajando un texto, a veces años, se pierde de vista cosas obvias y también de fondo que solo alguien con ojos frescos puede ver.


Es un oficio complicado, se necesitan requisitos bastante específicos para desempeñar este papel a veces tan poco reconocido. No obstante, muchas obras no hubieran sido posibles sin los buenos oficios de estos maestros de la edición.


La relación con el escritor es importante, porque a veces también intervienen antes que la obra esté terminada. A veces el editor es el único confidente del autor bloqueado o del que no sabe qué rumbo darle a la historia y cómo terminarla.

Para ejemplificar lo anterior, está la historia editorial de El Gran Gatsby, novela inmortal de Francis Scott Fitzgerald. Fuentes fidedignas cuentan que Maxwell Perkins (1884-1947), conocido como el príncipe de los editores estadounidenses del siglo pasado, tuvo mucho que ver para que este libro cuajara como la conocemos.

La anécdota dice que Fitzgerald quería hacer algo parecido a Ulises de James Joyce pero en versión norteamericana, aunque su estilo era opuesto. Perkins se dio a la tarea de convencerlo que no lo hiciera y lo alentó a apegarse a su verdadera forma de escribir. El manuscrito cambió casi por completo y así nació esta famosa novela totalmente original.

No faltan quienes critican a los editores como este, por inmiscuirse tanto en la tarea del escritor. Pero el mismo Perkins explicaba que el editor no debe imponer, sino ofrecer ayuda experta para guiar al escritor hasta llegar exactamente al libro que está buscando crear.