jueves, 13 de noviembre de 2008

Soy bien chillona


Leer el periódico me afecta cada día. La verdad no debería hacerlo, pero es parte del trabajo.
He llorado varias veces con el periódico en la mano. Un par de ocasiones porque me conmovió algún hecho trascendental, todas las demás de rabia, de miedo.
Tengo que reconocer que me afectan principalmente los hechos que tienen que ver con niños. Hubo una semana, el año pasado, que lloré dos veces. La primera fue por aquella familia que se reunió en Metronorte, dos niños y los padres. No se sabe, ni se sabrá, por qué se los llevaron a un lugar apartado. Luego, torturaron a los niños hasta matarlos, supuestamente por algo que habían hechos sus padres, que también murieron. Levante la vista del periódico y lloré casi sin darme cuenta. Me serví un café y traté de ser la misma, pero ya no pude. Unos días después, una familia entera, indígenas trabajadores, fue muerta por no pagar el tributo a las maras. Dormían todos en su abarrotería cercana a la 18 calle de la zona 1. Tocaron la puerta, pensaron que era el pan. Mandaron a uno de los niños a abrir y fue muerto de inmediato, seguido por sus hermanos y padres. Conmocionada todavía por el hecho anterior, quedé estupefacta.
Hoy leí de una mujer que, como cientos de miles, fue a dejar a su hijito para que se lo cuidaran. Se despidió y subió a su carro para ir a trabajar, entonces un adolescente se le acercó y la mató. Así nomás. Se me enchinó la piel y se me aguaron los ojos.
Me recordé de mi amiga Mónica Chinchilla. Recuerdo lo graciosa que era en el colegio, cómo bailé en sus 15 años, cómo era de las más aventadas y tuvo novio antes que la mayoría. Bailaba merengue y soca (de moda en los 80s) como nadie, su madre era bastante joven y andaban juntas hasta en las discotecas. Todas le teníamos mucho afecto.
Le perdí la pista, solo me enteré que se casó y tuvo hijos. Volví a saber de ella una mañana, abruptamente, hace un par de años. Una amiga en común me llamó para contarme que la habían asesinado, frente a su hija y a su mamá.
Supongo que es algo bueno que estos hechos me afecten y no me dejen indiferente, pero a este paso me estoy enfermando de los nervios.
Asturias dijo aquello de que “en Guatemala sólo se puede vivir bolo” hace más de medio siglo. Si le hubiera tocado vivir en nuestros tiempos, quizá hubiera cambiado el guaro por algo más fuerte. Dan ganas de volver a la evasión…

7 comentarios:

Andrea dijo...

Yo ya no leo periódicos ni veo las noticias, me harté de andar con el corazón encogido y los ojos hinchados todos los días,tanta muerte violenta y tanta sangre me apabullan. Prefiero abrazar a los míos cada que puedo. Abrazos amiga.

El Aguafiestas dijo...

Es duro enterarse de tanta barbaridad. Si lo lo leés, alguien más te lo cuenta o lo ves con tus propios ojos.
A veces me deprime y me enoja.
¿Qué hacer?
Te entiendo.

marielos dijo...

Hoy yo me siento igual. Leí la misma noticia y me dio miedo, tengo un niño pequeño y precisamente lo que más miedo me da de este país es pensar en el mal lugar para crecer y vivir. Dejar de leer no es la solución, igual sigue sucediendo, igual uno se entera. Yo estoy harta de sentirme paranoica.

Leon dijo...

A veces tengo una fantasía espantosa, que debería convertir en narrativa. Me veo caminando sobre huellas de cadáveres, porque acá, practicamente caminamos tarde o temprano sobre un lugar en donde cayó una víctima de violencia. Bien decía Einstein que no se deben leer periódicos, y menos notas rojas o amarillas. Es espantoso. Sin embargo, hay una leve esperanza porque si nos conmovemos es que algo de humanidad hay todavía en nosotros.

Abril dijo...

Al igual que varios de aca de hace un tiempo a la fecha ya no leo periodicos ni veo las noticias por television.

Me harte de tanta violencia y que vivamos como salvajes viendo tan comun la sangre derramada.

Anónimo dijo...

mi chillona linda donde anda se le extraña por aca ps





Jorge...

Mishu dijo...

Me pasa lo mismo... Decidí dejar de leer los periódicos y ver noticias, no funciona, porque entonces le toca a uno ver la realidad en sus narices, o vivirlo a través de amigos :(
Este año perdí dos amigos, una por negligencia, otro víctima de la violencia.
No sólo tenemos que vivir en paranoia por nosotros, ahora somos negativos... En cualquier momento el teléfono o el timbre sonarán, y traerán con su sonido, alguna mala noticia.

En fin, así es la vida.

Saluditos.