sábado, 25 de septiembre de 2010

Una triste historia con final feliz y epílogo

(En la foto, el autógrafo que me dio Ranferí en 1988)

Ser adolescente fue duro, pero aprendí mucho. Me tocó una época más polarizada que hoy. Cada quien con su gente, con su clase, en su rollo. Había una forma de ser caquero más agresiva que ahora, eran los burgueses. Muchos de ellos se reunían solamente para humillar, y muchas veces agredir, a los que para ellos eran “choleros”. En medio, quedábamos el resto, sin saber si tomar partido o no. Muchos lo hacían, oh sí, y adoptaban códigos y poses que no eran propios.

En realidad, esta es una historia nada agradable de contar, es más como un desahogo, para sacarlo de mi organismo.

Yo estaba a punto de cumplir 16 años cuando fui al concierto de las Flans, en febrero 1988. Allí vi por primera vez a Ranferí, ya lo he contado, había algo irresistible en él para mí, una ingenua adolescente de flequillo “atizado” y hombreras anchas. Ya conocía su música, sobre todo porque mi hermano la escuchaba a todo volumen.

Después de ese concierto, mis amigas y yo nos olvidamos para siempre de Flans y nos declaramos fans de Alux Nahual. Pero en la pubertad eso no bastaba, ya saben. Uno quiere acercarse, sin sabe muy bien para qué.

Entonces nosotras decidimos salir a buscarlos. Después del colegio, con uniforme y mochilas, buscábamos a dónde podíamos ir a espiarlos. Luego de arduas investigaciones, dimos con su estudio, lugar de ensayo, centro de operaciones en el sótano de un céntrico hotel.

Era un sueño, los habíamos encontrado. Sin embargo, no nos atrevíamos a entrar, estábamos como tontas allí en el parqueo pensando, cuando ellos fueron llegando uno por uno. Si tengo que describirlos de alguna manera, diré que eran serios. Ni destrabados, ni creídos, pero tampoco accesibles. Ya estaban en la cumbre de su éxito, sonaban en todas las radios, salían en la tele y sus conciertos se llenaban a reventar a donde quiera que fueran. Pero ellos llegaban como quien llega al trabajo, sin aspavientos.

Supongo que nos veían allí agazapadas, disimulando la emoción, pero no nos decían nada tampoco. Quizá ya estaban acostumbrados. Vimos que otros músicos también llegaban a ese estudio, solo que éstos eran diferentes, no tan serios y sí más creídos. Eran de otro grupo que estaba surgiendo.

Entonces decidimos, qué vergüenza, mejor hacerles unas tarjetitas y cartitas, más niñas no podíamos ser. Para nosotros era algo importante. Las dejamos bajo la puerta y esperamos que así se enteraran que existíamos.

La próxima vez vimos un cambio, nos saludaron. Aquí me falla un poco la memoria, creo que ellos nos invitaron a entrar, o tal vez nosotras ya nos animamos. La cosa es que entramos, con nuestras calcetas altas y chonguitos. Según Ranferí, nos vieron literalmente como a unas niñas. Sin embargo, yo juraba que estaba enamorada.

Firmaron nuestras libretas y portadas de discos de acetato, nos hicieron unas cuantas preguntas (me preguntaron cuál era mi canción favorita, yo de los nervios me equivoqué y por decir Hombre de maíz dije “Vida”, que es lo que dicen en el coro, se rieron de mí, pero no con mala onda, quizá más con ternura). Mi corazón daba mil vueltas al ver de cerca a Ranferí, quien se portó más bien tímido.

Nuestra visita fue corta, tenían que ensayar. Fueron amables pero nos sacaron, nosotros íbamos con un tesoro en las mochilas, impacientes porque las del colegio se enteraran.

Seguíamos llegando, a veces oíamos el ensayo desde afuera. Alguna vez nos invitaron a oír un par de canciones, que no habían salido todavía, lo cual fue todo un honor. Qué inocencia. Seguimos haciendo tarjetitas y cartas. Lejos estábamos de ser unas verdaderas gruppies.

Los otros músicos que llegaban al estudio estaban al tanto de todo esto. Ellos sí tenían miradas burlonas, pero curiosamente empezaron a hablarnos si los Aluxes no estaban. Parecían de esos que se meten a la música no por amor al arte, sino para sentirse cool y ser populares. Su grupo de rock medio andaba sonando por aquí y allá, era de covers. Sus seguidoras eran de colegios muy exclusivos, rubios y de ojos claros, no parecían de acá, a diferencia de Alux a quienes seguían todo tipo de personas.

Creemos que esos patojos presumidos interceptaron las cartas y las tarjetas. Luego, llamaron a la casa mi amiga H., que había puesto su número en una de sus cartas, haciéndose pasar por Paulo Alvarado. Mi amiga no cabía en su felicidad al escuchar que los Aluxes nos invitaban a salir… sí, cómo no.
Muriendo de la emoción, nos dio las buenas noticias en el colegio. El siguiente sábado tendríamos la cita de nuestras vidas. No me explico cómo me la puede creer, además me pregunto qué pretendía yo con la supuesta cita, mi primera cita.

Cuatro adolescentes ingenuas e ilusionadas llegaron el sábado arregladas a más no poder (cero chongos y calcetas), creo que no pudimos dormir una noche antes, me dolía el estómago de los nervios. ¿A dónde iríamos? ¿qué debía decir para parecer mayor? ¿será que esta vez no me equivocaría con el nombre de las canciones?

Pasaban los minutos, y nada. Llegaron esos otros músicos, nos saludaron supuestamente como si nada, y seguímos esperando, allí en un oscuro y húmedo parqueo.

Cuando al fin llegaron los Aluxes, fue un momento primero emocionante (¡llegaron! ¡no nos dejaron plantadas!), luego desconcertante pues nos saludaron de prisa y entraron a su estudio.

Nos costó asimilar el momento. ¿Qué diablos acababa de pasar? Agarramos nuestras ilusiones y nuestras carteras prestadas a nuestras mamás y nos fuimos a la casa de una de nosotras. Lloramos por horas sin pudor. No comprendíamos, ¿cómo unas personas a las que admirábamos tanto podían hacernos esto?

Para mí era personal, la primera vez que mi corazoncito creía estar enamorado, mi primera ilusión rota de esa cruel manera.

Fue hasta unos días después que una de nosotras, más intuitiva supongo, empezó a sospechar de esos otros atarantados. Entonces caímos en la cuenta, empezamos a imaginar lo que se habrán burlado de nuestras cartas y tarjetas, lo que se habrán reído luego de la llamada y al vernos llegar todas emperifolladas.

De cualquier manera, mandamos otra sentida carta a los aluxes donde les preguntábamos qué había pasado. Aquí otro lapsus, tendría que buscar mi diario de entonces pero ha de estar sepultado en algún recóndito lugar de mi casa. Creo que ahora sí uno de ellos se comunicó con H, esta vez para disculparse y dejar claro que ellos no tuvieron nada que ver.

Ahora que los conozco a todos mucho mejor, me doy cuenta que en realidad no hubieran sido capaces. Al cabo de unas semanas, decidimos perdonarlos y regresamos al estudio. La puerta estaba abierta y en el interior no había nada más que un piano. En la pared había una carta que decía que se habían mudado a la zona 10.
Nos robamos la carta y decidimos dar por concluidas nuestra aventura con rockeros chapines. La vida prosiguió y todo terminó en anécdota. Alux Nahual se convirtió en una leyenda y a esos otros musiquillos nadie los recuerda.

Me volví a encontrar a Ranferí muchos años después, nos enamoramos de verdad (como adultos) y somos muy felices junto a nuestro hijo. Por lo menos para una de nosotras, el sueño se hizo realidad.

Epílogo
Como quien dice nada, 22 años después hoy nos volveremos a ver las caras. Resultó que uno de los susodichos músicos esos trabaja con Alux Nahual hasta la fecha, así que lo he frecuentado unas cuantas veces sin saber quién era y, por supuesto, sin que él supiera quién soy.
Hoy celebrará su cumpleaños y hará un reencuentro con sus compinches, en su casa de La Cañada. Iré con Ranferí y será gracioso volver a ver a toda esa gente junta, ahora como una mujer adulta pero con demasiada memoria.
Escribir esto me ha hecho bien, pero también ha dejado a flor de piel los sentimientos que en su momento provocó el incidente. Quisiera justicia poética para mí y mis amigas. ¿Y si arruinará su fiesta? Mmmmmmm, al mejor estilo de Paquito Méndez, debería dejar salir a su mascota para que lo atropellara un carro, luego aprovechando el drama saquearía su bar llevándome sus mejores botellas…

3 comentarios:

unarevistaliteraria dijo...

Es cierto que la venganza es un plato que sabe mejor frío, pero tomando en cuenta que aquello fue una aventura adolescente, quizá no se buena idea la venganza. De cualquier forma, viendo la fecha del post, para este momento todo habrá sido consumado. Quizá sea bueno darle un update al post, para saber cuál fue el verdadero epílogo de la historia.

Saludos.

Leon dijo...

Qué historia más linda, sobre todo porque eriza la piel al solidarizarse con aquellas chicas ilusionadas y se seinte cólera contra los idiotas esos. Recordá el final de una de la licas de Back to the Future, donde el bully termina lavándole los carros a quien acosaba. Justicia poética? Tal vez no, pero sirve saber que los musicastros de marras ahora ni siquiera son una fading memory. Tenés que escribir tus memorias algún día.

J M dijo...

Amigos: no hubo venganza, no hubo necesidad. Fue suficiente verlos viejos y algo anticuados para sentirme mejor ... Además, la fiesta estuvo alegrísima, 10 horas de parranda sin parar...
Me siento reinvindicada