viernes, 11 de junio de 2010

Las letras de mi país


Por timidez, cuando me preguntan a qué me dedico, digo que soy periodista. Luego me preguntan en dónde y digo Prensa Libre. Es fácil, agiliza las cosas. Pero en realidad no me siento periodista, me gustaría mucho decir: soy escritora. Sin embargo, la cosa allí se complica: me preguntan ¿cómo así? ¿eso da dinero? ¿qué has publicado? ¿qué tipo de libros son esos? ¿de qué tratan? ¿dónde lo venden? ¿cuánto cuestan? ¿son cuentos para niños? ¿qué publicarás ahora? ¿a quién lees? Son demasiadas preguntas juntas, me provoca ansiedad.

Lo malo es que planeo dejar el periodismo tan pronto como sea posible (mis planes son 3 años). Lo mío, creo, es la literatura. Me encantaría dar clases, charlas, talleres, pero sobre todo, leer y escribir sin límite. Sueña, Jessica, sueña.
El gremio periodístico es de lo más alegre y relajado. Hay de todo tipo de personas y cada día crece más. Hay mucha gente de quien aprender, pero también mucha que simplemente desespera. Me gusta frecuentarlo pero no termino de sentirme parte-de. Mi formación es otra, mi acercamiento al lenguaje es diferente, mi vocación va por otro lado. Cuando no encajo, cuando me siento alienada, cuando me asfixia, suspiro y pienso que mi gremio es otro.

Pero, siempre el pero, el gremio de escritores es no es para nada alegre ni para nada relajado. Hay muchas generaciones, posturas, estilos y “castas” en conflicto. Lo veo cada año que me uno al Consejo Asesor para las Letras para elegir al Premio Nacional de Literatura. Siendo la más joven, mis ideas son ignoradas, mi aporte es un pinche voto, que este año ni pude ejercer por culpa de mi trabajo como periodista (tenía que entregar una nota y no asistí a la reunión).

Que el artista sea único es bueno, que no sea cortado en serie, que pueda dar una visión personal. Pero eso precisamente hace que todos crean que tienen la razón. Es un caos.

Pero además, hay demasiadas personas supeditadas a compromisos extra literarios. De amistad, políticos, pasionales, económicos, incluso, de odio.

Cada quien le reza a su santo y mientras nos vamos quedando sin buenos escritores a quien premiar. La consigna es seguir dando el premio a quién sea, aunque no llene el perfil. Mientras la gente, el pueblo, ni se entera ni le importa.

Sábato tiene razón cuando habla que las capillas y grupos literarios son un peligro para el verdadero escritor. La soledad es mejor, la vida, la calle, las lágrimas, la sangre, la risa.

Quién pudiera romper con todo y con todos, nada bueno puede venir de la conveniencia y de la condescendencia. Debo volver a mis orígenes, eso es imperativo. Quisiera renunciar del Consejo, pero eso también es ceder un espacio. Qué difícil decisión.
Por lo pronto, si alguien me pregunta a qué me dedico, creo que ahora diré: a veces existo, a veces escribo.

5 comentarios:

David Lepe dijo...

muy interesante tu reflexión.

J M dijo...

gracias amigo, si no me desahogo estallo...

J M dijo...

gracias amigo, si no me desahogo estallo...

André dijo...

Ojalá te animés a seguir tu camino como escritora algún día. Seré tu lector.

Petoulqui dijo...

Estimada Jessica:

"Quién pudiera romper con todo y con todos, nada bueno puede venir de la conveniencia y de la condescendencia. Debo volver a mis orígenes, eso es imperativo... si alguien me pregunta a qué me dedico, creo que ahora diré: a veces existo, a veces escribo."

Fascinantes e inspiradoras palabras. Hace mucho tiempo que no leía algo así. Cada cierto tiempo leo su blog, porque encuentro interesantes sus textos. Éste me hizo confirmar algo que pienso acerca de la necesidad de cierta solitud al escribir.

Saludos,

Julio E. Pellecer S.