viernes, 23 de abril de 2010

Mis respetos a los poetas


¿Quién no ha leído un verso que casi le para el corazón? Ese que de un golpe de tres o cuatro palabras le pone un mundo en la mente…

Para mí es un como un género mágico y misterioso, al que le tengo respeto y hasta miedo. Escribir narrativa y cualquier tipo de prosa (como esta que publico aquí) es relativamente fácil, natural. En cambio la poesía exige un alma especial, una forma diferente de ver la vida, la capacidad de pasar la realidad por un crisol (a veces sublime, a veces sicodélico, a veces criminal) y traducirla en palabras contundentes.

Aunque pareciera un juego de palabras ingeniosas, no lo es. Ese es, por ejemplo, el triste caso de Ricardo Arjono y otros armadores de frases para las masas. Daría todo el cuerpo de palabras en prosa que he escrito por un solo verso maldito. Así la admiro, así la venero, aunque a veces no la entiendo.

Cuando estudié letras tuve mis problemas para tratar de acercármele y tratar, oh profanadora, de analizarla. No tuve mucho éxito, lo más que hice fue verla como quien contempla, arrobado, una aurora boreal sin tener la más mínima idea del por qué del fenómeno. Apenas tomaba un lapicero y garabateaba ideas inconexas y hasta incoherentes.

Ojalá que todos los que aman la poesía le tuvieran el mismo respeto, sobre todo los que dicen escribirla. Separar líneas de prosa en versos y leerlos con un tono cantadito no es suficiente. Olvidémonos de la rima (esos chirulitos que podían ser maravillosos o cursis), esta bien, también de la métrica (increíble como lograban tal exactitud numérica), ambas cosas son como reliquias de museo ahora en tiempos de libertad al escribir.

Pero ¿qué tal un poco de lenguaje, digamos... ¡poético!? Hasta para decir lo más banal, lo más obvio, lo más sucio, lo más tonto, el poeta encuentra esa forma nueva, única, ingeniosa de decir. Algunos les llaman figuras retóricas, otras genio.

Y el ritmo, o mi dios, el ritmo, no debería faltar. Esa manera de llevar la musicalidad de las palabras hiladas con el alma al oído de quien las recibe fervoroso…

Se nota cuando un poema salió de las tripas de alguien, que lo vio primero en su atormentada mente, que lo vivió en su onírico mundo y luego lo vertió, no, lo vomitó sobre un papel. Es por eso que pocos escriben poesía, y pocos hacen de la buena.

Aplaudo que haya editoriales artesanales, que se publiquen muchos libros, pero espero que haya buenos editores, de esos que conocen la palabra, que son conocedoresy no fans, que saben reconocer un onix dentro de un costal de carbón.
Muchos son excelentes narradores y ensayistas, ¿Por qué insisten en ponerse la chaqueta grande y magnífica y roída de poeta?


Toqué la creación con mi frente.
Sentí la creación en mi alma.
Las olas me llamaron a lo hondo.
Y luego se cerraron las aguas.


Epitafio para la tumba de un poeta, José Hierro

1 comentario:

luis Roy dijo...

Excelente. Poesía, la hermana Cenicienta de la Literatura, la sección escondida y paupérrima en las librerías, y, sin embargo ¡cuán sugerente la larga capa de poeta! Escribir por 'amor al arte', sin esperar recompensa (más que nada, porque va a ser difícil recibirla) pero confiar en que una mujer inteligente como tú sienta...SIENTA.