lunes, 21 de septiembre de 2009

Todas mis locas






Uno de mis miedos es totalmente irracional: a la locura. Miedo a de repente perder la razón, salirme de mí, ser otra, una Jessica demencial, fuera de control, absolutamente loca.
Por ese miedo, creo, es que debo hacer que personajes tomen vida y hagan todo eso por mí. Los saco de mi lado más oscuro, engendrados y alimentados con mis más sombríos pensamientos. Atropellar al perro de la vecina, empujar el carruaje de un bebé calle abajo, envenenar la comida que serviré en la cena, entrar a una iglesia repleta completamente desnuda, vomitar en el restaurante más elegante de la ciudad.
Ellos hacen todo eso y más, endemoniados, riendo como dementes que son, para luego matarlos, exorcizarlos, y seguir adelante. No me malinterpreten, no soy sicópata, soy muy feliz, adoro mi vida, pero temo que esa locura de un golpe puede arrebatarme todo.
También admiro a las locas de otros, esas mujeres que en novelas y películas cometen actos de locura (que no de maldad). Se me ocurren Yocasta, Madame Bovary, Mrs. Dalloway, la Maga, Alejandra (de Sabato) en literatura. En el cine hay más, muchas de las chicas Almodóvar representan una manera divertida y hasta chic de ser loca (como la de Atame), de Buñuel adoro a su Bella de día y la chava de Ese oscuro objeto del deseo (que literalmente tiene dos caras).
Pero hay tres que últimamente me fascinan. Carolyn Burnham, la supuestamente perfecta esposa en American Beauty de Sam Mendes, que desencantada recurre al adulterio y al asesinato; Laura Brown, otra ama de casa pero de The hours (basada en la novela de Michael Cuningham) más joven y embarazada, que en los años 50s no encuentra otra salida a su aburrida vida que intentar suicidarse con todo y el bebé en su vientre. La tercera es nueva: April Wheeler de Revolutionary Road, también de Sam Mendes. No daré detalles para no arruinarle la historia a quienes no la han visto, pero es una mujer que ve poco a poco derrumbarse sus sueños, enclaustrada en su linda casa de suburbio. Su caída ocurre poco a poco, entre las supuestamente normales discusiones entre esposos.
Todas ellas me inspiran. El problema es que cuando no escribo, cuando no exorcizo todas esas ideas, pues mi miedo aumenta, ¿es que un día tendré ese ataque de locura? Espero que no. Tengo que terminar ese cuento de la pobre mujer que vive temiendo su locura, tanto que se vuelve loca de tanto pensar.

2 comentarios:

David Lepe dijo...

Que buenísima reflexión. Yo también tengo un par de locos... pero no son tan dramáticos, son más inadaptados.

Maru Luarca dijo...

April Wheeler también es el espejo cuyo demente reflejo me asusta por la semejanza con mis peores dias. Buen post.