lunes, 2 de mayo de 2011

El inicio de un adiós


El sábado me ocurrió la cosa más rara. Ojeaba el Facebook y estaba de buen humor, de pronto descubrí un enlace sobre la muerte de Sabato. Mis ojos se clavaron en el "1911-2011” y se me congeló la sonrisa en los labios. De golpe vinieron a mi mente muchas cosas, recuerdos, pensamientos, ideales, lecciones, diálogos, imágenes.

Mi rostro cambió de tal manera que mi pequeño hijo me dijo “mami, ¿qué te pasó?”, sonreí como lo hacemos las mamás cuando no queremos preocupar a nuestros hijos, pero unas lágrimas se asomaban en mis ojos. “No pasa nada mi amor, es solo que estoy triste”, le dije sin mentirle.

Desde que leí por primera vez a Sabato, en 1989, ejerció una seria influencia en mi forma de ver las cosas y especialmente la literatura. No miento cuando digo que quise ser escritora por culpa de él, por decir que la literatura puede no solo cambiar sino mejorar el mundo, por decir que no es un trabajo sino un apostolado, por decir que el escritor es el único que puede despertar al hombre que va durmiendo derechito al patíbulo.

Tratando de entender mi reacción, comprendí que las ideas y palabras de Sabato ocupan un lugar importante, sino el más importante, de mi ideario personal. A la distancia y solo por medio de sus maravillosos escritos, es el maestro que me enseñó las creencias más sagradas para mí.

Me duele su muerte obviamente porque era un ser humano como pocos, un artista modesto, un pensador irremplazable. Pero murió a los 99 años, o sea que tuvo una vida larga y coherente con sus propias ideas. Era comprensible que le tocara abandonar este mundo aunque nos deje tristes a los que en él encontramos una especie de faro.

Pero también me duele su muerte porque siento que una parte de mí, la que quiso hacer tantas cosas y cambiar el mundo, murió también. O se transformó, no sé. ¿Dónde están los ideales y los planes que tenía? ¿Es que se irán al crematorio con Sabato? ¿Es el fin de una era? ¿Es hora de dejar de soñar?

No sé, no sé. Por lo pronto, he decidido hacer una “manda” para Sabato, sí, yo, la más descreída y escéptica, quiero ofrecerle algo al maestro de mi vida.

Voy a leer toda su obra, desde la primera línea que escribió hasta la última (me faltan algunos libros pero los buscaré) para reencontrar esas ideas que maravillaron mi existencia.

Además, trataré de alejarme del mundo vano y estúpido que tanto criticó, (adiós al Facebook), e iniciaré una nueva búsqueda de mi YO. Esta será la forma de vivir mi duelo.

“Uno se embarca hacia tierras lejanas, o busca el conocimiento de hombres, o indaga la naturaleza, o busca a Dios: después se advierte que el fantasma que se perseguía era Uno mismo”, escribió en la primera página de su primer libro, Uno y el Universo, en 1945.

Me buscaré a mi misma para poder comprenderte mejor, viejo amigo Sabato, y así poder decirte adiós.

1 comentario:

Leon dijo...

Muy lindo y personal obituario. Los ideales ahí están, buscalos y os encontrarás, cuanto antes, mejor.