jueves, 9 de julio de 2009

A propósito del 25 de junio


A principios de los 90s para un hombre decir que era gay en la USAC era algo impensable (ojalá que la cosa haya cambiado actualmente).
En esos años, andaba yo en la flor de la juventud como quien dice (no llegaba a los 21), activa en la política, en la huelga, en la academia y de novio en novio. Uno de mis amigos más queridos era F, flaquillo él, siempre de jeans y tenis, peludo y oloroso a pachulí. En esa locura que era mi vida, él me miraba divertido, hasta cierto punto fascinado. El y R. eran los mejores bailarines de la Facultad, así que me daba gusto bailando con ambos. Éramos un grupo alegre, alocado y metido en babosadas, pero en realidad nos cuidábamos entre nosotros y llegamos a querernos un montón.
Por eso, cuando el flaco bailarín me dijo que estaba enamorado de mí, fue algo bien tierno. Yo estaba entre un corazón roto y un nuevo romance, por lo que simplemente le agradecí y seguimos de amigos. Entonces, los demás pensaban: “pobre F. no tiene novia porque Jessica no le hace caso”, y así pasaron los meses.
Cansada de patojos insensibles y egoístas, un día me puse en buscar cuál era mi problema. Decidí que el error era involucrarme con chavos que apenas conocía. En cambio F. me escuchaba, me llevaba a casa, me consentía, nos divertíamos juntos. Así que, jubilosa, decidí darle una oportunidad para ser mi novio. Cuando se lo comuniqué se quedó frío. Yo pensé que se había emocionado demasiado, pero no era eso. Me dio el beso más raro que me han dado y empezamos a ser novios.
Cambió totalmente, de repente siempre tenía clases y cosas que hacer, y cuando al fin nos encontrábamos nunca estábamos solos. Yo no sabía qué pensar, pasó un poco más de una semana y le reclamé su cambio.
Recuerdo que era sábado, nos encerramos en la sala de ping pong para hablar. Pensé, “éste tiene otra”. Entonces me dijo “¿te recuerdas que te dije que había estado casado?”, me preguntó, yo pensé inmediatamente que había regresado con la esposa. Pero no. “Sí estuve unido a alguien, pero era un hombre”, me dijo con mucha delicadeza. De golpe todo tuvo sentido. Los cosméticos en su baño, su casa tan bien decorada, la ropa siempre limpia y olorosa, la forma de bailar sensual pero a la vez distante. No era amanerado, pero sí era más sensible que los otros machotes rudos.
Todos esos años, llevaba mínimo unos 5 años en la Facultad, había estado ocultando su verdad. Para que no le preguntaran por qué andaba solo después de los 30, decía que era divorciado. Luego empezó a decir que estaba enamorado de una mujer imposible, de mí por ejemplo, para que no le trataran de conectar a nadie.
Me quedé pasmada. No puedo negar que por los siguiente días traté de hacerlo cambiar de parecer (todavía no sabía que es imposible), me puse terca como cada vez que algo se me pone difícil.
No pude pelearme con él, lo quería demasiado, así que empezamos a ser más amigos todavía. Fueron unos años inolvidables. Entre otras cosas, me enseñó la escena gay guatemalteca de aquel tiempo. Fui a las mejores parrandas de mi vida, bailé y canté como loca, tanto en discotecas como en casas particulares.
Lo ayudé a seguir protegiendo su identidad un tiempo más, hasta que ocurrió algo bien feo. Una parte del grupo original se separó y formó su propio partido político, enfrentándonos en las siguientes elecciones. Los del otro bando eran los más conservadores y criticaban asuntos personales de nosotros (que si tomábamos, que si parrandeábamos, que si fulana resultó embarazada) como parte de la campaña. De pronto llegaron a sus manos unas fotografías de mi amigo F. representando a Guatemala, con banda y todo, en el desfile de orgullo gay de San Francisco. Se dieron la grande criticándolo y la cosa estalló.
No recuerdo quién ganó (Ferquis tal vez se acuerda), pero a partir de ahí mi amigo salió del clóset con orgullo. Además, se dedicó a defender los derechos de los homosexuales hasta en la revolución (cosa bastante utópica aun dentro de la utopía) y es uno de los pioneros de las organizaciones tipo Oasis. Lamentablemente le perdí la pista, soy una pésima amiga, cómo quisiera tenerlo todavía para platicar.
Muchos me han preguntado por qué apoyo tanto y tan apasionadamente la causa de los homosexuales, muchos creen que deplano yo soy una de ellos (como diría una amiga: a lo mucho, soy una bisexual reprimida).
Como muchos, cuando era niña y vivía rodeada de un ambiente bastante conservador, pensaba que ser homosexual estaba mal. Pero ya en la universidad, pues fui abriendo mi mente acerca de muchas cosas. Puedo decir sin temor a equivocarme que, luego de la experiencia con F, muchos otros compañeros homosexuales fueron fundamentales en mi formación. Las feministas y activistas más aguerridas, eran lesbianas. Aprendí mucho de ellos, así como a respetarlos.
La solidaridad que tienen la mayoría de ellos, no todos claro, raya en la complicidad. Todos deberíamos tener al menos un amigo gay. Ser homosexual es difícil en nuestra sociedad, no creo que sea justo ponerles más obstáculos. Es difícil romper con lo que nos han enseñado, pero haciendo un esfuerzo se puede.
Aunque tarde ¡feliz día de orgullo gay! F. te extraño…

5 comentarios:

Engler dijo...

hay una pequeña pinta en la séptima avenida de la zona uno, un par de cuadras más allá del palacio...

¿HAZ SUFRIDO DISCRIMINACION POR SER HETEROSEXUAL?

Skunk LR dijo...

jajajajajaja por un momento pense que F era el pato...jajajajajajaa

Xander dijo...

Hey que buen post!
Me lo leí en un segundo!
Chilero tu blog, y sigue posteando. :o)

Anónimo dijo...

hola Jessica.
yo si sé donde está y está deshecho, la mara "revolucionaria" lo tiene en el ostracismo por sus preferencias, está casi sin dientes y flaco, tal vez el ferquis te lo localice porque creo que necesita apoyo.
tiene años de no conseguir trabajo, estuvo de maestro en una secundaria y le hicieron un clavo, lo acusaron de acosador.
si es cierto que bailaba divino.

Alexxx dijo...

que buen post y mira ya lo han localizado