
No es que no haya tenido uno antes (llevo dos en mis haberes), sino que me agarró por sorpresa. Cuando entrevisto a alguien que hace pasteles me los da a probar, cuando se trata de perfumes me echa un poquito, cuando es un evento cultural me invitan a asistir.
Así que este señor dueño de una sex shop me ofreció un consolador, con sus respectivas baterías y un tubo de KY.
La primera vez que compré un dildo fui sola y avergonzada. Mis amigas me habían mostrado los de ellas y yo dije: ¿por qué no? Sin embargo, mi presupuesto solo me permitió comprar uno pálido y mal empacado y con olor a hule viejo. Apenas lo usé, fueron los Q350 más desperdiciados de mi vida.
Le oculté a mi novio que tenía uno, no sé por qué. Quizá pensé que era algo que no necesitaba saber, pues apenas había significado algo en mi vida. Lo que no me esperaba, es que él me regalaría uno. Entonces tuve que aparentar ser nueva en la materia. Mea culpa.
Este sí era uno poderoso, rojo, con tres diferentes “capuchas” para darle diferentes formas (lengua, pene y bolitas). Fue una delicia en la alcoba, por aproximadamente 2 días. Luego volvió a su caja y ahora está arrinconado en el clóset, sin querer, lo juro, junto a una virgen de Guadalupe que me regaló mi mamá hace años.
Prefiero a mi novio completo, que también tiene unos labios que besan riquísimo y dicen cosas dulces, y unos brazos que me aprietan después-de. No como ese colorado que yo misma prendo y apago. En este tema sí que difiero con muchas feministas. Es triste hacerlo con una “cosa”.
El regalo en cuestión no es ni siquiera un vibrador con forma anatómica, es de ese tipo “bala”, recto, duro y liso, sin chiste, por lo que ahí se quedó en su caja.
He decidido que voy a regalarlo SIN HABERLO USADO, OJO. ¿Alguien está interesada o interesado?



