martes, 3 de agosto de 2010

Yo no tengo ese chip



Hace poco dos compañeras casadas estaban conversando sobre sus problemas domésticos. Señalaban lo complicado que era cumplir con que la comida de sus hogares estuviera lista a tiempo y que fuera del agrado de todos.

Cuando yo hice ojos de “no las entiendo”, una de ellas, cinco años más joven que yo, dijo “es que uno siempre está pendiente de eso, es como un chip que le metieron a uno de niña”. Por unos segundos, hice un examen de conciencia y luego les dije “yo no lo tengo”.

Quizá lo tuve, pero me las ingenié para deshacerme de él. Desde muy joven me caía muy mal que las mujeres tuvieran que “servir” solo porque así debía ser, mientras los demás se dedicaban a disfrutar de la vida.

Antes las cosas eran muy diferentes. El hombre sostenía a todos y la esposa se dedicaba a su casa, se preocupaba de que todos en la familia estuvieran bien, comieran bien, tuvieran ropa limpia y planchada, ése era su chance. Un trabajo sin remuneración económica, pero que era visto como el de una “buena mujer”, abnegada y madre ejemplar.

Ahora que casi todas las mujeres trabajamos, el chip sigue funcionando para deleite de esposos y suegras. Pareciera que a la mujer se le permite trabajar toda vez cumpla también su otro papel, el de esposa. El resultado son mujeres exhaustas con dos jornadas de trabajo. Profesionales que aportan dinero al hogar y trabajan tanto o más que sus esposos, pero se levantan de madrugada para velar que todo quede en orden, durante el día hacen mandados escapándose de su trabajo (para pagar la luz, ir a recoger a los niños, para conseguir un disfraz), y al salir no solo deben hacer compras sino llegar a casa a cocinar, a hacer tareas, a bañar niños, a tener listos los atuendos de todos e incluso a limpiar si no alcanza para una empleada doméstica.

Muchos hombres, debo admitir, ayudan por lo menos en algo. Otros ni se meten, se hacen los ocupados, cansados y preocupados. Está como implícito para ellos que la casa y todo lo que ocurre en ella es responsabilidad de la mujer. Aunque sea joven, si tuvo una mamá con chip muy probablemente le enseñó que la mujer para eso se casa.

Si para una mujer tener una casa perfecta, unos hijos perfectos y un esposo bien atendido es su forma de ser feliz, me alegro, porque no extrañará para nada los libros que no puede leer, las películas de las que todos hablan pero no ha visto, los tragos (o capuchinos) en compañía de amigos, escapadas al spa o a la playa. Ah, porque cada minuto libre debe ser aprovechado para seguir construyendo su castillo encantado de princesa encantada. Cada centavo extra debe ser usado para comprar más adornos y accesorios para esta casa Barbie.

El trabajo para muchas de estas mujeres controladas por el chip es solamente un medio, lo hacen por necesidad económica. No están “casadas” con su profesión, por lo que se desempeñan a medias o de mala gana, cansadas, desveladas.

El problema es para el otro tipo de mujeres, que no tienen chip y realmente quiere destacar en su vida pública y profesional. Para ellas quizá un matrimonio tradicional no es la mejor opción, la sociedad y su familia tratarán de hacerla sentir culpable por llegar tarde, por llevar trabajo a casa, por salir un par de días a la semana para cultivar sus intereses, por no cocinar como lo hacía su mamá. Terminará frustrada ó muy probablemente divorciada.

Por eso, chicas solteras, piénsenlo bien. Si el trabajo o los estudios son solamente un entretenimiento mientras se casan y sueñan con activar su chip y seguir con la tradición, perfecto, vayan derecho al altar. La sociedad conservadora en la que vivimos, y los hombres machistas criados por sus mamis para ser atendidos, las necesitan.

Pero si tienen grandes metas en la vida, fíjense bien cómo es ese candidato a marido. Discretamente hay que averiguar qué piensa, cuáles son sus ideas sobre una buena esposa, luego hay que compararlas con las propias. Puede haber sorpresas, puede que ahora le encante que su novia sea sexy, pero piense que una esposa debe lucir “decente”, por ejemplo. Pueden aparecer ideas como que las esposas no salen solas, no tienen amigos, no deben hacer cosas buenas que parezcan malas. Muchos de ellos serán de los que luego del trabajo llegan cansados, ensimismados, malhumorados, a tirarse en el sofá a ver la televisión mientras esperan a que la cena esté lista. Sus trabajos y problemas serán siempre más importantes que “las tonterías femeninas”. En el peor de los casos, según el modelo de matrimonio de sus padres, pueden incluso creer que el hombre puede ser infiel.

En cambio, si es un muchacho educado por una mujer independiente y fuerte, sin chip, probablemente no solo sepa hacer cosas en la casa (cocinar, lavar ropa, hacer la cama, sembrar flores), sino que apoyará a su mujer para que llegue tan lejos como ella quiera. La animará a que siga con sus intereses propios para tener una compañera estimulante, siempre en desarrollo.

Si la casa está desordenada y la ropa no está planchada, no será el fin del mundo, agarrará la plancha o contratará a alguien. Juntos velarán porque haya comida, y si no hay, tendrá una lista de restaurantes que reparten a domicilio pegada cerca del teléfono y le preguntará a su esposita ¿qué se te antoja hoy?

jueves, 29 de julio de 2010

Sobre la reputación


Cada día vamos evolucionando, sin estar muy concientes de ello. Me he encontrado a dos personas del “ayer”, una de los 90s y otra de los 2000. Ambas me dijeron que he cambiado mucho. No quise preguntar exactamente por qué lo decían, no quería que hablaran de arrugas y libras de más. Esto me puso a pensar. Como me miro cada día (bueno, a cada rato) en el espejo, no me doy cuenta lo diferente que luzco comparada con mi aspecto de antes y, sobretodo, mi comportamiento de antes.

Yo fui terrible, muy muy terrible, y me la pasé muy bien. Quien lo sabe y me mira ahora con marido e hijo y trabajo serio puede que dude antes de reconocerme. Quienes apenas me conocen, no se imaginan lo rebelde que fui en el colegio, lo alocada que fui en mis primeros años universitarios, lo intensa (es un eufemismo) que fui en la segunda mitad y lo oscura que me volví al llegar a los 30.

La que soy, fue naciendo allá por el 2004. Como he dicho antes, me salvé del abismo justo a tiempo, llegué al mismísimo precipicio y en el momento justo de caer pude volver.

No me arrepiento de nada, aunque hay un par de detalles que borraría. Ahora tengo una visión más amplia. Aunque quisiera seguir el mismo ritmo, los años no pasan por gusto, las parrandas diarias y hasta altas horas de la madrugada ya no se aguantan, me he vuelto exigente en cuanto a lugares y horarios, y muchas muchas veces prefiero irme a casa en lugar de ir a ver y que me vean. Es el curso natural de la vida.

Lo que queda es mi reputación. Recuerdo que hace un par de años en Pana, a donde fui con la familia, al entrar en un bar una chava a quien conozco de lejos y que pulula por los vericuetos de la noche (me cae bien, tiene rollo), algo desesperada se acercó pidiéndome sustancias ilegales. Me sorprendí, pero más se sorprendió ella cuando le dije que no tenía. Algo molesta me dijo: “me extraña Masaya, tu reputación te precede”.
La verdad, no me molestó que me dijera eso, al contrario. Prefiero que digan eso al verme entrar, a que digan ¿quién invitó a esta doñita?

lunes, 19 de julio de 2010

En busca de mi jessiquidad


Me pediste que aprovechara estos días que estaré sola.

Cuando no estás, vuelvo a ser un poco como era antes. Curiosamente, retomo mis rituales como si fuera ayer cuando vivía sola. Vi mucha tv, programas sobre asesinos en serie y sobre la independencia de América.

Leí mucho tiempo en el baño, escuché música mientras me desmaquillaba. Me hice un laaaaaaargo pedicure mientras lucía una horrible mascarilla color verde.
Luego vi todo el noticiero de la noche en lugar de solamente los titulares y, sabés qué, tenés razón, no vale la pena hacerlo.

Organizando mi ropa de la semana, me topé con los últimos calcetines que dejaste tirados en tus carreras por empacar. En lugar de enojarme, como suelo hacer, me dio ternura tu resistencia pacífica.

Ocupé toda la cama mientras dormía inquieta. Extrañé tu tibio cuerpo junto a mí. Me levanté tarde porque tú eres mi despertador de lujo, con ese beso que apenas puedo responder. Me cuesta tanto levantarme, no como tú, que te levantás lleno de energía y feliz.

Soy un poco como era antes, pero ya no sé si me gusto. Tú me decís que aproveche estos momentos a solas, pero creo que ya no me hallo, literalmente.

Para empezar, creo que no soy tan simpática sin ti, tú me ayudas a sonreír y a sentirme bien. Tu paz es contagiosa, todo es más sencillo si tú estás.

Hace años no me gustaba la idea de ser la pareja de alguien, de ser la mitad de algo, pero no podemos negar que al amar, al vivir juntos, ocurre un curioso prodigio. Nuestras rutinas están enlazadas, tus gestos y palabras se complementan con las mías. Eres el mejor confidente que he tenido en toda mi vida, me gusta cómo estamos de acuerdo en tantas cosas y cómo me llevas la corriente cuando aparezco con ideas locas y difíciles. Siempre estás de mi lado.

Antes vivía sola y pensaba que estaba bien, que podía hacer lo que me diera la gana siempre. Pensé que al unirnos estaba cediendo, que estaba perdiendo un poco de mi jessiquidad, que había entrado al rebaño.

Pero nada es más alejado de la realidad, porque tú eres una persona fuera de lo común. He ganado tanto, he aprendido tantas cosas, he vivido momentos que no se pueden comparar con la vida gris y monótona que llevaba antes. Eres un gran artista e inundas nuestra casa con tu creatividad y energía. Ahora soy tan feliz.

Es definitivo, no quiero volver a ser como era antes, gracias a ti quiero ser mejor.

viernes, 9 de julio de 2010

si eres fresa, no leas esto


El mundo es un espanto, está acabado. Busco exilio, asilo emocional. Veo una burbuja brillante, aislada, flotante, no se comprende cómo su fragilidad logra sostener tantos productos, tanto plástico, tanto cemento. Me acerco, me deslumbro, la luz me llama, me encandilo.
Llueve, truena, graniza. Veo por la ventana de una casa de suburbio. Mis sucias manos ensucian el vidrio, mi aliento lo empaña. Tiemblo. Adentro, todos sonríen, están bien vestidos, tienen aparatitos para entretenerse, se mandan mensajes, se toman fotos. Me descubren, me asusto, me invitan a entrar. Una vez cruzo la puerta, que parece de madera pero no lo es, todo es demasiado bueno para ser realidad.


(De las tribus urbanas, los fresas o prepies, son los que aspiran a conquistar y regir el mundo tal cual está, sin cambiarlo, quizá, solamente para empeorarlo. Son conservadores, temen al cambio y quizá por eso se quedan en la apariencia, en lo superficial. Son el sueño dorado del marketing y de los centros comerciales. Carecen de manifestación cultural propia, son victimas de cualquier cosa que salga a la venta, lo cual los hace sentir que están de última. Su peor defecto es que discriminan a todas las demás tribus amparados en que ellos son políticamente correctos y son mayoría. Su mejor atributo, son sus buenos modales y su facilidad para vivir en sociedad).

A veces envidio a los fresas, a veces quiero ser fresa. Sus casas con acabados que parecen de lujo, su decoración sacada de De Museo, sus carros del año a plazos, la ropa cuidadosamente seleccionada pero que luce igual en todos. Su forma de expresarse cariño desmedido y la forma en que todo para ellos es relindo y cool. Yo, luciendo un disfraz que ni me queda bien (sufriendo para no ahogarme con la faja), trato de llevar el ritmo, de sonreír hasta que me duelen los músculos de la cara, de aprender sus ritos y símbolos que van cambiando a cada momento. Trato de creer, pero no se trata del dios de mis mayores, sino del dios del sistema, trato de ir llena de gozo a su templo más cercano, o mejor, al templo mayor: Oakland Mall.

Pero todo me sale mal. Mi naturaleza se va revelando y rebelando poco a poco, esa forma maldita de ser. Todo vuela a la mierda, la faja explota. Me veo al espejo desnuda y me asusto, pero me quiero como a un monstruo encerrado en el ático, en mi cabeza.
El caos empieza como un dolor de estómago, luego sube, sube, sube, el diafragma se oprime, los pulmones se desinflan, el corazón se aplasta. El grito está listo para salir, el vómito en la puerta de la garganta para mancharlo todo.
Las paredes blancas, los sillones relucientes, los pisos encerados son el lienzo de mi furia. Quiebro lozas, porcelanas, vidrios y cristales. Mientras un grito ensordecedor sale de mí, me libera. Muerdo, río y lloro a la vez, enloquecida.
Llega seguridad, vestidos de traje oscuro y con discretos radios disimulados, tratan de sacarme sin que nadie se asuste. Me arrastran mientras yo hundo mis uñas, ahora crecidas, deformes, afiladas, en cualquier superficie.
Me lanzan de la burbuja, caigo en el lodo. Me siento mejor, ha parado de llover y observo una pequeña flor silvestre que sale tímida entre piedras.

sábado, 3 de julio de 2010

Alemania por siempre


Para una niña pobre, con terrores nocturnos (imaginarios y también reales), la calle puede ser la salvación. Salir del laberinto fatal, de la oscuridad y del dolor por un rato, tratar de ser normal, de ser feliz, de ser. (Por eso el éxito de la maras y pandillas, a mí me salvó la literatura).

Crecer entre hombres me hizo un poco “marimacho”. Jugaba fut, beis y todos los juegos rudos de los niños. Claro, hasta que llegó la pubertad y con ella el encierro y todas las reglas aplicadas únicamente a las “nenas”. La doble moral que me hizo, y me hace, tanto daño.

Pero antes de eso, me enamoré de la Copa Mundial de Fútbol. No recuerdo todos los partidos de España 82, cuando yo tenía 10 años, pero sí los de la Alemania de Rummenigge (que para mí era igualito a Sting). No soy una fanática del fut en general, pero me gusta la Copa Mundial y tengo 28 años de irle a Alemania. La gente me pregunta qué onda con eso, y no sé, para mí es algo natural. No me hacen ir a un estadio nacional ni seguir a las ligas famosas de América y Europa, pero cuando empieza la Copa me late una vena escondida pero furiosa y caliente.

Esta empezó a hincharse con fuerza el caluroso 8 de julio de 1982 en la casa de una tía en Villa Nueva. En ese entonces era todo un viaje ir allí, era ir a otro pueblo, se sentía lejísimos. Los primos, tíos y hermanos, todos hombres gritones y al tope de la emoción, estaba extasiados frente al televisor viendo la semifinal Alemania contra Francia, mientras mi mamá y mis tías (no tenía primas en ese entonces) se distraían platicando en la cocina y el jardín.

Definitivamente, la emoción estaba en la sala, con el fut, y no en la cháchara de mujeres. Aprendí a vivir el juego, a sufrirlo, a gritarlo, a celebrarlo.
Quisiera creer, como he bromeado con más de alguien, que en mi vida anterior fui alemana (pero no nazi). Pero lo más seguro es que esta tradición me remonte a una época cuando decidí ser ruda, combativa, cuando por medio de las victorias, derrotas y glorias de un poderoso equipo podía evadirme de mi triste infancia.

viernes, 2 de julio de 2010

El arte de amar


Antes quería ser casamentera. Pensaba yo que en este mundo, donde hay tanta gente que sufre por estar sola, sería bueno dedicarse a engancharlos con sus medias naranjas.

Lo intenté en el colegio, con resultados desastrosos. No solamente me convertí en una especie de correo, sino que para las parejas que les fue mal yo era la culpable de todo.

Por experiencia, propia y ajena, ahora me doy cuenta que es mala idea conectar a la gente. Es como recomendar a alguien en un chance, si no cumple, si se porta mal, si no le pagan, si lo explotan, uno termina sintiéndose un poco culpable.

Estar solo está bien si es lo que uno desea. Pero para quienes habían soñado con compartir su vida con su alma gemela, si ésta no aparece por ningún lado puede que sufran mucho. Era un misterio para mí cómo algunas amigas (lindas, inteligentes, exitosas y sensibles) pueden estar solas a pesar de morirse de ganas de casarse.

Ya antes lo sospechaba, pero al hacer un artículo sobre el tema los expertos me confirmaron que nadie nos educa en el arte de amar. Por eso cuentos de hadas, películas, telenovelas y canciones nos dan pautas bastante equivocadas.

Con suerte, a prueba y error aprendemos a vivir en pareja. Con la madurez y la experiencia, nos vamos dando cuenta qué es lo que realmente importa a la hora de amar. En lo personal, me alegro mucho de haber fallado una y otra vez, pues así aprendí muchas cosas y al final pude encontrar el verdadero amor (diría Fiona).

Ahora muchos me consultan por sus males de amores. De casamentera a consejera de parejas, sin tener ningún título en el ramo. Esto es complicado y delicado, pues como dice el dicho, entre casados y hermanos no hay que meter las manos, o algo así.
Uno de mis amigos más queridos tuvo un problema en una red social porque la gente se metió en un asunto bastante personal con consecuencias muy tristes.

Otra cosa que no nos enseñan es el tacto, no el que nos sirve para tocar, sino ese sentido común que no nos deja meter las patotas a la hora de hablar o actuar. Entre amigos muchas veces se dicen las más feas groserías porque “hay confianza”. Pero hay momentos en los que hay que pensar bien en lo que se dice para no herir a nadie. Lo que para otros es una broma, puede ser una daga para quien está pasando un duro momento.

Por experiencia propia, sé que es difícil manejar situaciones donde hay niños de por medio, donde una familia vive un drama mientras una nueva pareja trata de salir adelante. He vivido en carne propia la forma en que se forman bandos, cómo alguien puede ser la bruja malvada y otra la "víctima". Esto es ya bastante complicado como para lidiar con las opiniones de otras personas.

Veo que esta historia se repite, aunque con significativas diferencias, en otras personas. Las decisiones que tomamos son nuestra responsabilidad. A veces uno sabe que habrá dolor si uno toma determinado camino, pero también sabe que solo ese camino se puede tomar.

Es por eso que es mejor no inmiscuirse, no opinar, no tomar bandos y, claro, no bromear con el drama de otros. Quizá la posición más sabia es tomar distancia y ofrecer buena vibra. Hay cosas que solo los involucrados pueden resolver. Simplemente deseémosles lo mejor.

jueves, 24 de junio de 2010

Los rebeldes ¿en el gobierno?

En la universidad eran los críticos, los que protestaban por todo lo malo que hacían “ellos”, los del gobierno. Exigían cambios, respuestas, acción, parecían entender lo que hacía falta para cambiar este país.

Ahora, muchos de esos contestatarios están del otro lado. Desde que empezó el gobierno de la UNE empecé a ver a varios amigos y conocidos convertidos en funcionarios. Aquéllos jóvenes aguerridos y hasta temerarios, ahora forman parte de un gobierno por demás polémico. Se han cambiado los papeles, lo cual me parece bizarro.

Uno de los primeros fue Carlos Barreda, a quien recuerdo como uno de los más inteligentes de la AEU de los noventa. Barreda, Manolo Vela, Ronald Mijangos y Víctor Ayala conformaban un secretariado bien integrado y trabajador. Educados, bien planchados y buenos estudiantes, se les podía vislumbrar un brillante futuro. No eran ni borrachos ni vagos, sino se tomaban en serio su trabajo. Definitivamente, eran otros tiempos (ya parezco viejita, pero es que había disciplina).

En el caso de Barreda pensé que era lógico pensar que gracias a sus conocimientos en su campo trabajara en el Ministerio de Finanzas, luego de hacerlo para organizaciones sociales. Creo que empezó en el gobierno anterior, pero se quedó con el actual llegando a altos puestos, como el de vice ministro.

Pero ahora hay más de aquellos soñadores en el gobierno actual. Esto me produce sentimientos encontrados. No me gusta este gobierno, para nada. Me da rabia que se piense que su populismo es de izquierda. Pero cuando pienso en mis conocidos que están allí creo que quizá están haciendo lo mejor que pueden. ¿Por qué quisieron involucrarse precisamente con este gobierno? ¿por qué incluso algunos de ellos lo defienden a capa y espada? Quizá es el primero que los toma en cuenta, que en lugar de buscar en las filas del empresariado se dio a la tarea de ir con los peludos, con los rebeldes, con los que siempre han estado con ganas de hacer algo.

El caso de los Blanco Lapola es singular. Eran años difíciles cuando los conocí, no se había firmado la paz pero estaba muy cerca. El enfrentamiento era ideológico. Entonces la policía nacional (a secas) y todos los entes de “seguridad” eran nuestros enemigos naturales, habían perseguido y matado a innumerables compañeros, era de tenerles miedo. Ni Orlando ni Gustavo (a quien conocí bien de cerca) dijeron públicamente que su hermana Marlene era parte de dicha institución.

Recuerdo en especial una vez que andábamos con delirio de persecución, creo que había habido ataques, no estoy segura. Entonces cuando aparecieron en la AEU fotografías de actos oficiales de la policía, cundió el pánico. Todos estaban seguros que había infiltrados, orejas, que habían olvidado sus fotografías por un descuido o para asustarnos. Ahora se me hace que eran fotos familiares de los hermanos Blanco.

Lejos estábamos de saber que, según ha declarado la misma Marlene, dicha familia tenía a sus hijos en bandos diferentes, lo cual, asegura, les provocaba más de un conflicto.

Lo cierto es que en tiempos de paz hubo reconciliación entre ellos y ahora trabajan para el mismo gobierno, que al parecer en eso sí son democráticos, acogiendo a todos por igual.

Quizá algunos de estos rebeldes de antes piensan que es mejor estar adentro que afuera para hacer cambios, o quizá cambiaron su forma de pensar. Tal vez fueron sus circunstancias actuales las que les hizo imposible negarse antes una buena plaza y un buen sueldo. Ojalá no tengan que arrepentirse.

¿Dónde quedó todo lo que soñamos?

El plan era hacer una revolución, cambiar todo desde las estructuras y luego desde una sociedad más justa buscar el progreso. Era un sueño, nada más. Qué duro despertar y tener que conformarse con un Gobierno Solidario sin transparencia, que se equivoca una y otra vez, que quiere perpetuarse en el poder haciendo campaña desde ya con el dinero de todos.

Qué desesperanza.

martes, 22 de junio de 2010

Mi segundo nombre es controversia




A veces pienso que lo hago sin querer, pero muchas veces me he pillado buscando la controversia a propósito. En otras ocasiones es la consecuencia natural de decir exactamente lo que pienso, que no siempre es lo más aceptado (ser atea me ha traído problemas, así como mis ideas sobre las drogas, el suicidio, el aborto y otros asuntos por estilo).

Según una persona anónima nunca aprendí a decir “reviro”, lo que sea que eso signifique. ¿Cómo se aprenderá eso? ¿Será que a los 38 años puedo todavía? Y la verdad, no sé si me interesa. Me interesa solamente ser fiel a mí misma, así tal cual soy, quizá exagerada para algunos (“drama queen” a mucha honra). El riesgo siempre es provocar incomodidades y enojos.

Agradezco a quienes me apoyan y también a quienes tienen opiniones diferentes, los respeto a todos. Esto no es una guerra, ni un concurso de popularidad. No soy la mejor escritora, nunca dije que lo fuera ni es mi intención serlo. Tampoco soy la más sabia ni la más “cabrona”.

Solo quiero ser la más feliz de las mujeres y, debo confesar, la mayor parte del tiempo lo soy. La vida ha sido muy buena conmigo, aunque a veces parece que lo olvido.

Mi vida ha sido dura en muchas etapas, pero en la actualidad no me puedo quejar. Como dije en un post anterior, recientes acontecimientos me han hecho pensar que debo rectificar ciertas cosas. Siempre se aprende algo nuevo y siempre siempre se puede mejorar.

Ahora, a seguir en lo mío.

lunes, 14 de junio de 2010

Alux Nahual: ahora sinfónico


No sé cómo explicarlo, apenas me lo pude explicar a mí misma releyendo mis diarios de la adolescencia. La primera vez que vi a Alux Nahual en concierto (en el año del señor de 1988) fue un flechazo en todo sentido. La música, la mística, las letras y el guitarrista me embrujaron. Al más clásico estilo groupie, me dediqué a escucharlos y a perseguirlos lo más que mis 15 años me lo permitían. Supe que había tenido una epifanía de mi futuro al ver Ranferí, que simplemente me hipnotiza (hasta la fecha) cuando está arriba de un escenario.

No es mi intención analizar la importancia de Alux Nahual en la música de Guatemala, pues es de sobra conocida. Sus composiciones son un logro, son parte importante del rock nacional, así como de nuestra identidad. Su público abarca a personas de toda edad (de los 10 a los 60, sin mentir).

Su brillante carrera, que se dio por finalizada oficialmente en 1999, es lo que me propongo contar en un futuro en una publicación. Fueron 20 años de actividad constante, en los cuales fueron verdaderos rockstars regionales, que convocaban a multitudes y vendían como nadie lo había hecho antes (en mi comedor cuelga uno de sus discos de oro). Sus creaciones fueron evolucionando y con cada disco ofrecían algo nuevo y refrescante. Simplemente tienen una historia excepcional, muchos factores se conjugaron para que naciera una leyenda.

Supongo que después de separarse cada quien tenía la ilusión de hacer algo por su lado, atendiendo distintos llamados.

Sus reencuentros han sido muy exitosos y, debo decirlo, tal vez por eso cada vez más frecuentes. Esto hace que la gente se pregunte ¿han vuelto como banda? Ellos dicen que no, pero en la práctica pareciera que sí. Esto produce confusión y no faltan las críticas.

Yo quisiera que sacaran nuevo material, un disco para ver cómo 10 años separados los han cambiado y mejorado. Pero de eso, nada se habla.

Puedo dar fe que alrededor de los miembros de Alux Nahual hay una hermandad difícil de entender y penetrar. Como fan (y ahora más que eso) me gustaría opinar, pero no me atrevería jamás. Muchas personas que han estado con ellos por 30 años no pueden entrar en esa intimidad, menos yo. Yo solo espero, cruzo los dedos, para que sepan manejar esta época de reencuentros y presentaciones sin caer en exageraciones. Que no den razones para que sus críticos los pongan en entredicho.

Este 17 de junio habrá un concierto especial, muy justificado pues cristalizarán su acariciado proyecto de interpretar sus temas junto una orquesta sinfónica. Estoy segura que el resultado será espectacular, ojalá pudieran regalarle a sus seguidores la dicha de tener un disco que inmortalice esta hazaña.

Pero si no hay disco ni nada nuevo, tal vez deberían tomarse un descanso. A riesgo de que me jalen las orejas en mi propia casa, quiero que Alux mantenga esa distancia que caracteriza a las leyendas. Quiero que verlos en concierto sea una ocasión rara, anhelada, esperada.

Además, sus proyectos individuales son muy interesantes y necesitan atención y tiempo. En el caso de Ranferí, lo mantiene ocupado gran parte del año y necesita tiempo para crear más.

Sin embargo, solo ellos saben lo que harán.

viernes, 11 de junio de 2010

Las letras de mi país


Por timidez, cuando me preguntan a qué me dedico, digo que soy periodista. Luego me preguntan en dónde y digo Prensa Libre. Es fácil, agiliza las cosas. Pero en realidad no me siento periodista, me gustaría mucho decir: soy escritora. Sin embargo, la cosa allí se complica: me preguntan ¿cómo así? ¿eso da dinero? ¿qué has publicado? ¿qué tipo de libros son esos? ¿de qué tratan? ¿dónde lo venden? ¿cuánto cuestan? ¿son cuentos para niños? ¿qué publicarás ahora? ¿a quién lees? Son demasiadas preguntas juntas, me provoca ansiedad.

Lo malo es que planeo dejar el periodismo tan pronto como sea posible (mis planes son 3 años). Lo mío, creo, es la literatura. Me encantaría dar clases, charlas, talleres, pero sobre todo, leer y escribir sin límite. Sueña, Jessica, sueña.
El gremio periodístico es de lo más alegre y relajado. Hay de todo tipo de personas y cada día crece más. Hay mucha gente de quien aprender, pero también mucha que simplemente desespera. Me gusta frecuentarlo pero no termino de sentirme parte-de. Mi formación es otra, mi acercamiento al lenguaje es diferente, mi vocación va por otro lado. Cuando no encajo, cuando me siento alienada, cuando me asfixia, suspiro y pienso que mi gremio es otro.

Pero, siempre el pero, el gremio de escritores es no es para nada alegre ni para nada relajado. Hay muchas generaciones, posturas, estilos y “castas” en conflicto. Lo veo cada año que me uno al Consejo Asesor para las Letras para elegir al Premio Nacional de Literatura. Siendo la más joven, mis ideas son ignoradas, mi aporte es un pinche voto, que este año ni pude ejercer por culpa de mi trabajo como periodista (tenía que entregar una nota y no asistí a la reunión).

Que el artista sea único es bueno, que no sea cortado en serie, que pueda dar una visión personal. Pero eso precisamente hace que todos crean que tienen la razón. Es un caos.

Pero además, hay demasiadas personas supeditadas a compromisos extra literarios. De amistad, políticos, pasionales, económicos, incluso, de odio.

Cada quien le reza a su santo y mientras nos vamos quedando sin buenos escritores a quien premiar. La consigna es seguir dando el premio a quién sea, aunque no llene el perfil. Mientras la gente, el pueblo, ni se entera ni le importa.

Sábato tiene razón cuando habla que las capillas y grupos literarios son un peligro para el verdadero escritor. La soledad es mejor, la vida, la calle, las lágrimas, la sangre, la risa.

Quién pudiera romper con todo y con todos, nada bueno puede venir de la conveniencia y de la condescendencia. Debo volver a mis orígenes, eso es imperativo. Quisiera renunciar del Consejo, pero eso también es ceder un espacio. Qué difícil decisión.
Por lo pronto, si alguien me pregunta a qué me dedico, creo que ahora diré: a veces existo, a veces escribo.